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miércoles, 11 de julio de 2007

Una noche loca en el Califas...


¿Y lo bailado quién se los quita?


Ciudad de México, julio 2007.- Las manecillas del reloj marcan las seis de la tarde, hora de la cita. Es un día normal, de esos días nublados y con viento, típicos de julio, y todo parece indicar que la lluvia se avecina.

Sobre la Calzada de Tlalpan todo ocurre con normalidad, como cualquier domingo. Transeúntes de ambos lados de la acera, comerciantes informales, el tráfico fluido. Pero con el ajetreo de la vida diaria, de la vida cotidiana, un pequeño detalle pasa inadvertido. Quizá sea porque en realidad es muy pequeño y no muy llamativo, pero ahí está, paciente, sigiloso, callado, aguardando por quienes quieren salir de esta cotidianidad y hacer de una noche de domingo, común, corriente y aburrida, una noche, como bien dice la canción, una noche de copas una noche loca, y por supuesto una noche de mucho baile, en fin, una noche en el Califas.

Ya los foquitos de la fachada del número 1189, en la Colonia Portales, invitan y seducen a sumirse en las experiencias que una velada en un club de baile ofrece; los bailadores viajan en el tiempo hacia la época del danzón, del mambo, del cha cha cha.

Algunos ya alistan motores, y mientras hacen acto de presencia los impuntuales, se dedican a celebrar anticipadamente el triunfo del tricolor, brindando con unas chelas y acompañando con unos tacos de bistec con queso y su salsa bien picosa, en una fondita muy modesta ubicada justo al lado del California.

El momento ha llegado…los corazones empiezan a latir al ritmo de la música que proviene de detrás de aquellas cortinas. La profesora, asesorada por el mesero de la fondita, intentó “arreglarse” con los dueños del lugar para que hicieran una rebajita a la entrada, diciendo quesque íbamos a hacer un trabajo periodístico, de la universidad y bla bla bla…al final ningún argumento fue convincente y cada uamero tuvo que caerse con sus $75 pesotes, como si los tiempos estuvieran para esos gastos.

Un túnel lleno de historia da la bienvenida, convida los momentos que han pasado a la posteridad. La foto del recuerdo adorna las paredes de este pasadizo que lleva de la mano hacia una experiencia llena de candor.

Al estar dentro del que antes de cruzar las delgadas cortinas parecía un lugar enigmático, muchos se desencantaron al encontrar el lugar semivacío. La pista parecía tan grande y el lugar, sin gente, parecía tan triste. Le faltaba ese toque especial de un verdadero salón de baile.

No pasó mucho tiempo, cuando la afluencia comenzó a abarrotar el lugar y al ritmo de Torbellino los motores se fueron calentando.

Para los primerizos (nosotros) las mesitas del fondo aguardaban, sin embargo, al llegar confianzudamente a ocupar algunas de éstas, un mesero malencarado dijo que el costo por mesa era de $20 pesotes adicionales al boleto pagado en taquilla. En un primer momento huimos del área que más bien parecía VIP, por las “comodidades” y los costos y nos refugiamos en los alrededores de la pista principal…no tardamos mucho en regresar tras la respectiva cooperacha.

De este modo, al estar más cómodos y tras la primera ronda de chelas, al ver la concurrencia crecer, la pista empezó a arder, a entrar en calor. Los dandys y las damas se lucen al ritmo de la salsa, al ritmo de la cumbia, de la charanga, de la huaracha…El California Dancing Club ha cobrado vida y parece dispuesto a brindar una noche candente.

Con los ánimos encendidos y ya con unos alcoholes encima, la comunidad uamera rompió el hielo, los pies empiezan a moverse y los corazones a agitarse.

Ha llegado el clímax de la velada. Sube al escenario el grupo más esperado de la noche, nada menos que los DCA2 y al ritmo de su cadencia, sólo se ven movimientos de cadera, de cintura, de pies por todo lo largo y ancho de la pista, al ritmo de los bongos, de los teclados...

Las damas solteras y sin compañía, aguardan pacientes por el valiente que les invite a la pista. Las frentes empiezan a brillar, las prendas a mojarse por el sudor, las mejillas a enrojecerse, los músculos a relajarse.

La lluvia que ya se anunciaba, por fin se hizo presente y los rayos se introducen por un pequeño ventanal del club de baile, este espectáculo de luces y colores le da realce al ambiente contenido en aquel lugar.

La mayoría baila, otros cantan, unos beben, algunos sólo observan y paradójicamente otros lloran. No cabe duda que el Califas alberga en sus adentros un mar de emociones.

Por unos minutos los corazones delirantes y las pasiones desbordadas cesan, al unísono de la música viva. Pues toca el turno a Los escorpiones de Durango y su pasito duranguense, ¡faltaba más!. En este momento los ánimos apaciguados momentos antes, recobran fuerza, efervescen y sólo se observan cabezas saltando.

Los gritos, las risas, los malabares por el aire no se hicieron esperar.

Por supuesto no podía faltar el borracho impertinente de la noche, el necio que cree las puede de todas todas, no obstante eso no fue un gran problema, pues enseguida salió al quite el “sacaborrachos” y el problema estaba resuelto.

Ya entrada la noche, los compañeros, las parejas de baile, los amigos, los cuates, los hermanos, se despiden. Retornan al ajetreado y caótico mundo citadino, van al reencuentro del mundo real…bajo la lluvia, los truenos, el tráfico, el frío…pero eso sí, ¿lo bailado quién se los quita?■

jueves, 5 de julio de 2007

Fisgoneando con El Fisgón...(crónica)


Los empresarios en el poder


Es casi el cenit de mediodía, en la Sala de Consejo Académico de la Unidad Xochimilco de la UAM, la audiencia espera paciente a Rafael Barajas Durán, mejor conocido como “El Fisgón”, quien viene a impartir la conferencia Los empresarios en el poder.

A través de los ventanales del recinto, se ve el viento correr entre los árboles y los rayos del sol irrumpiendo en la sala de color azul y con cuadros decorando las paredes.

El moderador y comentarista de aquella conferencia, Mario Ortega Olivares, yace sentado paciente, bebe un poco de agua y lee sus notas. La fluencia permanece pasiva, algunos toman fotos, otros beben café y los más permanecen a la espera.

Son las 12:05 del día, hace acto de presencia el conferencista, saluda al moderador, deja sus cosas sobre la mesa y hace una escala técnica, momento en el que Mario pide esperar unos minutos. “El fisgón”, arquitecto por la UNAM, y “monero” de oficio desde los 20 años, colaborador en el suplemento másomenos del periódico unomásuno , así como en La Jornada, revistas como Nexos, El Chahuiztle, El Chamuco y La Garrapata, y Premio Nacional de Periodismo en 1992, se reincorpora y sin más preámbulo comienza la charla.

Abre, pidiendo cordialmente a la masa reunida, le avisen a los 45 min, debido a los compromisos con lo que debe cumplir después de aquella reunión. Comienza a hablar de lo que sucede el país con respecto al narcotráfico, y de la guerra que le ha declarado Felipe Calderón en su mandato. Continúa afirmando que “el narcotráfico es el bloque más importante del crimen organizado de la nación y que es, además, un extraordinario negocio”

Argumenta que es una de las tres principales divisas que entran a nuestro país, y que solo se sitúa detrás del petróleo y de las remesas de los migrantes, enfatiza con detalle, que México es un país exportador de materias primas, y que este hecho sale bastante barato, agregando que lo que encarece estas materias es que son ilegales, y que lo que se vende no es el valor de los productos sino el plusvalor que implica el riesgo de venderla.

Barajas Durán, explica que Estados Unidos es el principal consumidor de droga en el planeta, pues representa el sesenta por ciento del total que se produce en el mundo entero, argumenta que México es el trampolín de la droga para el país vecino, que hace las veces de piscina.

Continúa y, sin temor a equivocarse, enuncia que el negocio de la droga en México, no puede funcionar sin un vínculo con los grupos de poder, pues son ellos los que hacen de este mercado un gran negocio.

Abre el camino para abordar temas como las ganancias millonarias que deja este negocio, así como de los recursos de los que “el narco” se vale para luchar a su favor. Acto seguido, puntualiza que “un combate serio en contra del narcotráfico implicaría, entre otras cosas, un combate contra los empresarios”.

Con el recinto abarrotado para ese momento, “El fisgón” abunda, con su característico tono sarcástico, en los orígenes del auge de la droga en México, adjudicando este aspecto a la llegada al poder de Miguel de la Madrid y a su sucesor Carlos Salinas de Gortari.

Ya entrado en el tema de los presidentes, se inmiscuye en la política de Estado del presidente en turno, Felipe Calderón, a la que denomina Plan Calderón, que propone una campaña mediática propagandística con fines psicológicos, con la idea de que una sociedad dividida –como la mexicana- se acuerpa cuando encuentra un enemigo común y Calderón lo ha encontrado en el narcotráfico. Esta campaña busca acuerpar a la sociedad alrededor de un gobierno sin legitimidad electoral.

Continúa con la cuestión de los monopolios en México, interrogando a la masa reunida y, a sí mismo, acerca de que si hay monopolios de casi todo (televisión, cemento, cerveza, telefonía, maíz), ¿por qué no habría uno de la droga?, debido a que los empresarios apuestan a los negocios, independientemente del giro.

Por otro lado, habla acerca de la transición del Estado Benefactor, laico, que provee salud, educación y trabajo digno a los ciudadanos mexicanos al Estado Liberal, con el que se firma el Tratado de Libre Comercio, en el que se acentúa el empoderamiento de los grupos empresariales y en donde se apuesta por la privatización de amplios sectores. En este sentido, habla acerca del enfrentamiento entre grupos neoliberales y el Estado de Bienestar, puntualizando al respecto que los detentores del poder “han ido destruyendo el Estado Benefactor, lo han hecho cachitos, lo han hecho garras y lo han tirado a la basura”, dejándonos como única alternativa al Estado Liberal o, en el peor de los casos, el Liberalismo Autoritario, que es hacia donde apuntan las acciones de FECAL.

La charla se encuentra en su punto de ebullición, suena el teléfono del conferencista, atiende y tras unos segundos se reincorpora. Prosigue. Este proyecto de nación plantea que “un grupo de empresarios toma el poder, se coloca por encima de la sociedad, impone sus normas y sus códigos de libre mercado, le guste o no a la sociedad”, mismo que Chile, en la dictadura de Pinochet, adoptó como forma de gobierno.

Barajas, un poco presionado por el tiempo continúa: “ese es exactamente el modelo de estado que está planteando Felipe Calderón y su caballito de batalla es la lucha contra el narcotráfico…Estamos ante el establecimiento de un Estado Liberal Autoritario, que defiende los intereses de un grupito que no pasa de veinte familias, que pasa por encima de los intereses del resto de la población.

“Esto, concluyó con firmeza, es el empresariado en el poder”.

De esta manera culmina la charla, la sala irrumpe en aplausos y, tras un breve ciclo de preguntas, “El fisgón” sale presuroso, entre algarabía y apretones de manos.